martes, 12 de febrero de 2008

La siesta, un placer saludable made in Spain

1. ¿Qué es la siesta?


Siesta. Es un hábito muy frecuente en los países mediterráneos.


Cualquier espacio es bueno para cerrar los ojos y soñar. Esa hora dedicada al descanso después de la comida, entre las tres y las cinco de la tarde, la ocupa lo que denominamos siesta.

Supone un momento de descanso y relajación que permite recuperar fuerzas de cara a la tarde, con lo que aumenta de forma significativa el rendimiento. Todos nosotros necesitamos un tiempo de descanso a lo largo del día.

Después de las comidas, se produce un descenso indudable de nuestra actividad, influido por un fenómeno conocido por todos como el "efecto postpandrial". Se inicia un periodo de digestión que implica el aumento del flujo sanguíneo hacia el territorio gastrointestinal, lo que produce un descenso en la actividad de sistemas del organismo. Este fenómeno, que depende en gran parte del tipo de dieta realizada y de su cantidad, favorece la realización de la siesta.

2. ¿Expresión de pereza?


Durante mucho tiempo, los países nórdicos han pensado que las gentes que practicaban la siesta, españoles e italianos preferentemente, eran grandes gandules, unos verdaderos vagos. Echarse a dormir después de comer se consideraba impropio de pueblos vigorosos y laboriosos.

Este mal concepto que se tenía de la siesta llegó a su fin cuando el primer ministro británico, Wiston Churchill, declaró en plena Guerra Mundial que disfrutaba de este breve sueño porque así recargaba baterías. La cabezada a media tarde se ennoblecía ante los ojos de los anglosajones. Dejaba de ser una expresión de pereza para convertirse en un generador de fuerzas, que permitía acometer las tareas posteriores a ella con más vitalidad.

La "tesis" de Churchill ha sido corroborada después por científicos de medio mundo. Según los expertos, los adictos a la siesta no son perezosos, ni enfermos. Todo lo contrario, suelen ser personas que tienen buenos reflejos, estupenda memoria y cometen menos errores en el trabajo. Y es que esta buena costumbre española más que un lujo o privilegio es una necesidad biológica.

3. El reloj biológico


Por regla general siempre se ha tenido la creencia de que el ser humano necesita unas 8 ó 9 horas de sueño nocturno para estar despejado el resto del día. Varios estudios han demostrado que esta teoría es cierta, relativamente. Las conclusiones de estas investigaciones han revelado que la siesta está relacionada con nuestro "reloj biológico".

Las personas experimentan una fuerte necesidad biológica de dormir en la primera mitad de la tarde, incluso cuando han descansado placidamente durante la noche.

En 1986 se hizo pública la primera prueba de que el cuerpo siente una predisposición interna a la siesta. Fue Scott Campbell, del Instituto de Fisiología Circadiana de Boston, junto a otros investigadores del sueño del Instituto Max Planck de Múnich, quienes llegaron a tal conclusión.

Para ello, realizaron unos estudios que consistían en dejar, a la misma hora, a varias personas, que se habían ofrecido voluntarias, en una habitación situada en un sótano. Con el fin de que los voluntarios no supieran si era de día o de noche, se eliminó cualquier objeto -un reloj, por ejemplo- que mostrara una evidencia.

El resultado fue que estas personas, siguiendo sus propios ritmos, dormían en dos períodos: uno largo por la noche y otro de dos o tres hora durante la tarde. Según algunos de estos expertos, la razón por la cual los voluntarios del experimento dormitaban en dos fases, es que la actividad cerebral y física disminuye cada cuatro horas y para renovarla el cuerpo necesita unos minutos de descanso, que se pueden corresponder al cabeceo de media tarde.

Otras investigaciones más recientes llevadas a cabo por Peretz Lavie, investigador del sueño del Instituto de Tecnología de Haifa (Israel), vuelven a demostrar que además de la necesidad de dormir por la noche, hay un pico a primera hora de la tarde en la que el sueño es necesario. Ese pico se produce entre dos fases del período de vigilia, es decir, durante la mañana y al anochecer. Dos momentos en los que resulta más difícil conciliar el sueño.

Por tanto, se puede definir la siesta tal y como lo hace Roger Brougthon, profesor de neurología de la Universidad de Otawa (Canadá): "Proceso generado por el cerebro, como una parte más del reloj biológico, que regula los ciclos de sueño y vigilia".

Además, Brougthon señala que la disminución que se detecta en el estado de vigilia y en la viveza intelectual se produce con o sin comida. Esta afirmación rompe, así, la creencia de que la somnolencia o "modorra" que sentimos se debe a la ingestión abundante de alimentos.

Aunque sí que es cierto que la mejor hora para echarse la siesta es despúes de las comidas, ya que cuando se está haciendo la digestión hay más concentración de sangre en el estómago, que hace que sintamos la sensación de sopor.

4. ¿Es un hábito saludable?


Científicos y médicos recomiendan una duración entre treinta y noventa minutos tanto para adultos como para niños, quienes deben disfrutar de la siesta obligatoriamente. Otros expertos afirman que entre veinte y treinta minutos es lo ideal. Abusar de la cabezadita vespertina no es bueno.

Si el sueño se prolonga más de una hora y media puede trastornar el descanso de la noche, provocando insomnio o vigilia nocturna. Por el contrario, si se respeta ese período de tiempo la siesta puede ser muy saludable.

Dormir la siesta reduce las probabilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, disminuye en un 30% el riesgo de sufrir infarto de miocardio, aminora las posibilidades de padecer arterioesclerosis y alivia el estres.

Después de una buena siesta el cerebro funciona mejor, la agilidad mental aumenta y los reflejos tanto físicos como mentales son superiores. Si no hemos descansado bien durante la noche, una cabezadita nos permite mantener mayor atención frente a una tarea el resto del día. Pero si nada ha perturbado nuestro sueño nocturno, el sesteo nos puede mejorar el sentido del humor y el estado de ánimo.

Por todas estas ventajas, los expertos recomiendan la siesta a los profesionales que desempeñan actividades de reponsabilidad o riesgo: camioneros, conductores de autocares e incluso médicos.

Un estudio reciente concluyó que una corta siesta que incluya dos estados principales de sueño puede resultar igual de eficaz que toda una noche de sueño. Los resultados de la investigación realizada por científicos de la Universidad de Harvard (EE.UU.) se publicaron en junio de 2003 en la revista Nature Neuroscience.

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